Bl. Hilary Januszewski, priest and martyr He Gave His Life So That Others Might Live Pawel Januszewski was born in Krajenki, Poland, on June 11, 1907. At the age of twenty, he felt called to Carmel and entered the monastery in Krakow, taking the religious name Ilario. He was sent to Rome, to Collegio Sant'Alberto (now CISA), for theological studies, where he took his solemn vows and was ordained a priest in 1934. The following year, after obtaining a degree in theology and receiving the prize awarded to the most distinguished students of the Roman Academy of St. Thomas, he returned to his homeland and was appointed prefect of clerics and sacristan at the convent in Krakow. With the Second World War looming, in 1939 he was appointed prior of the house in Krakow. Father Ilario was demanding and unyielding with himself, but patient and understanding with others. He always showed a preference for the sick and needy. He was well-known for his piety, which he manifested in his apostolic zeal, in the celebration of Holy Mass, in the Liturgy of the Hours, in other religious practices, and in his fervent love for his Order and his religious house. In the church in Krakow, he would spend long periods in devout prayer before the miraculous image of Our Lady of Mount Carmel. He gave frequent and well-prepared conferences to clerics and, in his office as bursar, he provided for everyone's needs without discrimination: clerics and brothers. On December 4, 1940, when the Gestapo arrested several religious, he used his knowledge of German to try in every way to free them and offered himself in place of an elderly and sick confrere. Thus began his ordeal, which ended in the Dachau concentration camp. There he was employed in hard labor in the fields, but he always remained a priest and a religious: a man of prayer who set a good example to others and exhorted them to hope for a better future. He encouraged them, served them, and helped them; and when he received gifts from his brothers in Krakow, he shared them with great simplicity. He consoled his brothers with the hope of returning home and encouraged them by saying, “You must return to Krakow to work in the Lord's vineyard.” In the evening, after the last roll call, the Carmelite prisoners would gather, secretly of course, for communal prayer. Carmelites from other countries also took part in these meetings, including the Dutch saint Titus Brandsma. When the war was coming to an end and salvation seemed near, a typhus epidemic broke out in the camp. None of the guards wanted to help the infected. The authorities then turned to the priests, and thirty-two of them volunteered to care for the sick, even though they knew they were facing certain death. Among them was Fr. Hilary. The Jesuit Archbishop Kozlowski, who survived the camp, gave this noble testimony: "Their decision was pure heroism, dictated by true love of neighbor. What we experienced during those five years could have destroyed all higher ideals. The ruthless struggle for existence could have cultivated selfishness and indifference toward others in many. But those heroes are clear proof that the commandment of love for one's neighbor, promulgated two thousand years ago by Christ, is not mere utopia, but an authentic reality that triumphs even where the blindest hatred reigns.“ Fr. Hilary confided to a companion: “I make this decision, fully aware I am sacrificing my life." He served the infected for twenty days, of whom about a hundred died each day. He himself died on the feast of the Annunciation in 1945, a few days before the concentration camp was liberated. Fr. Hilary Pawel Januszewski was thus called to the glory of Christ, and this disease put an end to his young life, full of hope for his confreres. Read more ... + + +
B. Hilario Januszewski, sacerdote y mártir Dio su vida para que otros vivieran Pawel Januszewski nació en Krajenki, Polonia, el 11 de junio de 1907. A los veinte años sintió la llamada del Carmelo y entró en el convento de Cracovia, tomando el nombre religioso de Hilario. Enviado a Roma, al Colegio San Alberto (CISA), para estudiar teología, allí hizo los votos solemnes y fue ordenado sacerdote en 1934. Al año siguiente, tras obtener el título de lector en Teología y el premio otorgado a los estudiantes más preparados de la Academia Romana de Santo Tomás, regresó a su país y, en el convento de Cracovia, fue nombrado prefecto de clérigos y sacristán. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, fue nombrado prior del convento de Cracovia. El P. Hilario era exigente e inflexible consigo mismo, pero paciente y comprensivo con los demás. Siempre mostró predilección por los enfermos y los necesitados. Era muy conocido por su piedad, que manifestaba en su celo apostólico, en la celebración de la Santa Misa, en la oración de la Liturgia de las Horas, en otras prácticas religiosas y en su ferviente amor a su Orden y a la casa religiosa. En su iglesia de Cracovia se dedicaba largamente a la oración devota ante la imagen milagrosa de María Santísima del Carmen. Daba frecuentes conferencias bien preparadas a los clérigos y, en el cargo de ecónomo, proveía a todos de lo necesario, sin discriminación: a los clérigos, a los hermanos y a los padres. El 4 de diciembre de 1940, cuando la Gestapo arrestó a algunos religiosos, él, haciendo uso del alemán que conocía muy bien, se esforzó por liberarlos y se ofreció voluntario en lugar de un hermano anciano y enfermo. Así comenzó su calvario, que terminó en el campo de concentración de Dachau. Allí fue empleado en los duros trabajos del campo, pero siempre siguió siendo sacerdote y religioso: un hombre de oración, que daba buen ejemplo a los demás y los animaba a esperar un futuro mejor. Los animaba, los servía y los ayudaba; y cuando recibía algún regalo de sus hermanos de Cracovia, lo compartía con mucha sencillez. Consolaba a sus hermanos con la esperanza del regreso a la patria y los animaba diciendo: «Debéis volver a Cracovia para trabajar en la viña del Señor». Por la noche, los prisioneros carmelitas, después del último recuento, se reunían, evidentemente en secreto, para rezar juntos. A estas reuniones participaban también carmelitas de otras naciones, entre ellos el santo Tito Brandsma, holandés. Cuando la guerra estaba llegando a su fin y la salvación parecía cercana, estalló en el campo una epidemia de tifus. Ninguno de los guardias quiso socorrer a los contagiados. Las autoridades se dirigieron entonces a los sacerdotes y treinta y dos de ellos se ofrecieron espontáneamente para cuidar a los enfermos, a pesar de saber que se enfrentaban a una muerte segura. Entre ellos se encontraba el P. Ilario. El arzobispo jesuita Kozlowski, superviviente del campo, dio este noble testimonio: «Su decisión fue puro heroísmo, dictada por el verdadero amor al prójimo. Lo que vivimos en esos cinco años podía aniquilar todos los ideales superiores. La lucha despiadada por la existencia podía cultivar en muchos el egoísmo y la indiferencia hacia los demás. Pero esos héroes son un testimonio claro de que el mandamiento del amor al prójimo, promulgado hace dos mil años por Cristo, no es una mera utopía, sino una realidad auténtica que vence incluso donde reina el odio más ciego». El padre Hilario había confiado a un compañero: «Tomo la decisión siendo plenamente consciente del sacrificio de mi vida». Durante veinte días atendió a los contagiados, de los cuales morían unos cien al día. Él mismo falleció en la fiesta de la Anunciación de 1945, pocos días antes de que el campo de concentración fuera liberado. Así fue el P. Hilario Januszewski, llamado a la gloria de Cristo, y esta enfermedad puso fin a su joven vida, llena de esperanza para sus hermanos. Leer más ... + + +
B. Ilario Januszewski, sacerdote e martire Ha dato la vita perché altri vivessero Pawel Januszewski nacque a Krajenki, Polonia, l'11 giugno 1907. All'età di venti anni si sentì chiamato al Carmelo ed entrò nel convento di Cracovia, prendendo il nome religioso di Ilario. Inviato a Roma, nel Collegio Sant'Alberto (CISA), per gli studi teologici, qui emise i voti solenni e fu ordinato sacerdote nel 1934. L'anno seguente, dopo aver conseguito il grado di Lettore in Teologia e ottenuto il premio assegnato agli studenti più preparati dell'Accademia Romana di S. Tommaso, ritornò in patria e, nel convento di Cracovia, fu nominato prefetto dei chierici e sacrista. Nell'imminenza della seconda guerra mondiale, nel 1939, fu nominato priore del convento di Cracovia. Il P. Ilario era esigente e inflessibile con se stesso,ma paziente e comprensivo con gli altri. Ha mostrato sempre una predilezione verso i malati e i bisognosi. Era molto conosciuto per la sua pietà, che manifestava nello zelo apostolico, nella celebrazione della santa Messa, nella preghiera della Liturgia delle Ore, nelle altre pratiche religiose e nel fervente amore al suo Ordine e alla casa religiosa. Nella sua chiesa di Cracovia si profondeva a lungo in devote preghiere davanti all'immagine miracolosa di Maria Ss.ma del Carmine. Dava frequenti conferenze ben preparate ai chierici e nell'ufficio di economo provvedeva a tutti del necesario, senza discriminazione: ai chierici, ai fratelli e ai padri. Il 4 dicembre 1940, quando la Gestapo arrestò alcuni religiosi, egli, facendo uso della lingua tedesca che conosceva molto bene, si adoperò in tutti i modi per liberarli e offrì se stesso al posto di un confratello anziano e malato. Cosi, ebbe inizio il suo calvario che terminò nel campo di concentramento di Dachau. Qui fu impiegato nel duro lavoro dei campi, ma rimase sempre sacerdote e religioso: uomo di preghiera, che dava il buon esempio agli altri e li esortava a sperare in un avvenire migliore. Li incoraggiava, li serviva e li aiutava; e quando riceveva qualche dono dai confratelli di Cracovia, lo condivideva, con molta semplicità. Consolava i confratelli con la speranza del ritorno in patria e li animava dicendo «Dovete ritornare a Cracovia per lavorare nella vigna del Signore». La sera i prigionieri carmelitani, dopo l'ultimo appello, si riunivano, ovviamente di nascosto, per la preghiera in comune. A questi incontri partecipavano anche i carmelitani di altre nazioni, tra cui anche il santo Tito Brandsma, olandese. Quando la guerra volgeva ormai al termine e sembrava vicina la salvezza, scoppiò nel campo una epidemia di tifo. Nessuno degli addetti alla sorveglianza volle soccorrere i contagiati. Le autorità si rivolsero, allora, ai sacerdoti e trentadue di essi si offrirono spontaneamente per curare i malati, pur sapendo di andare incontro alla morte sicura. Tra questi ci fu il P. Ilario. L'arcivescovo gesuita Kozlowski, sopravvissuto al campo, ha reso questa nobile testimonianza: «La loro decisione era puro eroismo,dettata dal vero amore del prossimo. Ciò che abbiamo sperimentato nel giro di quei cinque anni poteva annientare tutti gli ideali superiori. La lotta spietata per l'esistenza poteva coltivare in molti l'egoismo e l'indifferenza verso gli altri. Ma quegli eroi sono una testimonianza chiara che il comandamento dell'amore del prossimo, promulgato duemila anni fa da Cristo, non è pura utopia, ma una realtà autentica che vince perfino dove regna il più cieco odio». II P. Ilario aveva confidato a un compagno: «Io prendo la decisione, essendo pienamente consapevole dell'offerta della mia vita». Servì per venti giorni i contagiati, dei quali circa un centinaio al giorno morivano. Egli stesso si spense nella festa dell'Annunciazione del 1945, pochi giorni prima che il campo di sterminio fosse liberato. P. Ilario Pawel Januszewski fu così, chiamato alla gloria di Cristo e questa malattia pose termine alla sua giovane vita, piena di speranza per i confratelli. Leggi di più ... + + +
www.ocarm.org |
|
This mailing list is announce-only.
CITOC Online is the e-Newsletter published by the Order of Carmelites. Submitted news, information, feature, articles, letters, photos, and other materials become the property of the Citoc Online
CITOC Online es el e-BoletÃn publicado por la Orden de los Carmelitas. Las noticias, información, artÃculos, cartas, fotografÃas y otros materiales envÃados, se convierten en propiedad de la Revista de CITOC.
“CITOC Online†è l’e-Newsletter pubblicato dell’Ordine dei Carmelitani. Le notizie, informazioni, articoli, lettere, fotografie e altri materiali offerti alla rivista diventano sua proprietà ..
CITOC Online can be shared among friends, family and relatives for religious purpose without changing its content.
Il tuo indirizzo email non sarà mai condivise con terze parti e riceverai solo il tipo di contenuto per il quale ti sei iscritto.